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Zona de Azar – Las Vegas – Un coloso de 6.000 millones de euros en la ciudad de los excesos la mayor apuesta inmobiliaria en la Historia de lo EE.UU.

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No va más en Las Vegas. Acaba de nacer un nuevo complejo de hoteles, viviendas y ocio que, en plena crisis, supone la mayor apuesta inmobiliaria en la historia de Estados Unidos. Se llama CityCenter, lo firman arquitectos estrella y se aleja del concepto de recintos temáticos de la famosa avenida Strip. Es tan enorme que podría albergar cuatro veces la Ciudad del Vaticano.

Por Pablo Scarpellini

El taxista etíope –«soy de Addis Abeba, caballero»– no tiene muy claro a través de qué calle acceder al coloso. Lleva más de siete años circulando por Las Vegas, entrando y saliendo de los mismos casinos de toda la vida, pero este laberíntico monstruo aún no lo domina.

Es tan nueva la sensación en una ciudad sedienta de cambio, que muchos todavía no se hacen a la idea de semejante megaconstrucción. Después de echar un somero vistazo, elevando su cabeza hacia el cielo, el conductor africano sentencia: «Va a hacer falta mucha gente para llenar esto». Y sí, al menos 8.000 personas para tener a tope las 4.000 habitaciones dobles del Aria, la pieza central del complejo; otras tantas –éstas bastante más distinguidas– para las 1.500 habitaciones y los apartamentos del Vdara, el hotel contiguo al Aria; y otro ejército considerable para llenar a plena capacidad el Mandarin Oriental, el tercer hotel de este nuevo hito propiedad de MGM y del grupo árabe de inversión Dubai World, ambos encantados con tamaña megalomanía.

DE GUINNESS. Todos ellos forman lo que han dado en llamar CityCenter. Porque juntos han creado un gigante de seis torres, entre hoteles y rascacielos de apartamentos exclusivos (casi un total de 2.400 han salido a la venta), además de un centro comercial de lujo, en lo que es, a día de hoy, la mayor inversión inmobiliaria de la historia de Estados Unidos.

Las cifras, por supuesto, son escalofriantes: 8.500 millones de dólares (al cambio casi 6.000 millones de euros), 1,5 millones de m2 (cuatro veces el Vaticano) y 12.000 puestos de trabajo para poner en marcha el nuevo centro neurálgico de Las Vegas, diseñado por una impresionante nómina de arquitectos como Daniel Libeskind, Norman Foster, Rafael Viñoly, Cesar Pelli y David Rockwell. Entre todas esas estrellas han ejecutado una nueva ilusión para una gran urbe cosmopolita que comparte escenario con la cultura hortera del neón y los excesos de la ciudad del pecado.

Cada año, una de las mecas del ocio y la diversión por antonomasia recibe más de 38 millones de visitantes, que se dejan 4.600 millones de euros entre ruletas y gigantescos malls donde fundir la tarjeta. Con el CityCenter aumenta la oferta de alojamiento para todos ellos.

NO TEMÁTICO. Y aunque este prodigio arquitectónico se ha vendido al mundo como el primer complejo no temático de Las Vegas (huyendo de la política de otros superhoteles, inquilinos de la avenida popularmente conocida como The Strip, que homenajean al Imperio Romano, al circo, a Nueva York, a París, al Egipto de los faraones o a los castillos medievales), para algunos no es más que otra réplica, aunque sea de una ciudad moderna y elegante. O sea, un exponente –o un producto– de los excesos de la burbuja inmobiliaria donde, hasta hace no mucho tiempo, los dólares corrían sin cesar.

«Todo esto surgió hace cuatro o cinco años, cuando había tanto dinero en Las Vegas que era fácil pensar a lo grande», explica Julián Serrano, el prestigioso chef español que, además de manejar desde hace años la cocina del Picasso en el hotel Bellagio, ha abierto otro restaurante ?–que lleva su nombre– en el nuevo Aria. «Nadie podía presagiar que estallaría una crisis de estas proporciones ni que el CityCenter se construiría con los precios de los materiales por las nubes. Faltaban habitaciones en la ciudad y por eso se hizo, pero está claro que el timing no ha sido bueno», confiesa este madrileño, un hombre que después de 11 años es toda una institución en Las Vegas y que el año pasado fue reconocido por el Gobierno español como el mejor chef nacional en el extranjero.

Pese a todo, Serrano está convencido de la viabilidad del proyecto y lo ensalza como «el centro que le hacía falta a Las Vegas, un nuevo estilo de vida y un lugar, que si le quitas el casino, podría estar en cualquier parte del mundo». Además, lo define como la fórmula perfecta para alimentar las ansias de consumo de los turistas en una ciudad donde el precio de las habitaciones cayó un 25% el pasado año.

DE TAPAS. Ahora, el chef nacido en Cercedilla (Madrid) se ha lanzado a las tapas «por el auge de la comida española después de años de comida francesa», al gazpacho –extraordinario, por cierto–, a la tortilla de patatas y a las croquetas de pollo. Y mientras se codea con famosos como Lars Ulrich, el batería de Metallica, o el jugador español de Los Ángeles Lakers, Pau Gasol, hace caja con un fenómeno que ha despertado el interés culinario de millones de turistas.

«De momento el restaurante ha sido un éxito rotundo», señala Serrano. «El otro día atendimos a 980 personas e hicimos más de 50.000 dólares (34.500 €) de recaudación en una sola jornada, por encima de lo que habíamos pensado. Y mañana espero superar los 1.000 comensales».

Y así ha sido desde que el CityCenter abrió sus puertas el pasado 17 de diciembre. Todo a reventar. «Las dos mejores semanas que recuerdo en 11 años trabajando en Las Vegas», constata Serrano. Lejos queda el funesto año 2008, en el que las principales cadenas de casinos perdieron alrededor de un 40% de su valor en Bolsa.

Rezuma el optimismo pese a que muchas de las habitaciones en el Aria, el Vdara y el Mandarin Oriental aún no están abiertas y a que ninguna de las torres de apartamentos está terminada, con obreros a la vista dando el callo en varias plantas. «Es cuestión de esperar unos meses a que se abran las otras tiendas que faltan y más restaurantes que hay previstos para que la gente se sienta más cómoda y atraída por el lugar», comenta Michael DiPasquale, encargado de la joyería Bulgari de un centro comercial, el Crystals, considerado como la joya de la corona del proyecto por el diseño de Libeskind y Rockwell ( líneas rectas, grandes espacios abiertos, esculturas y jardines de naranjas para albergar a Louis Vuitton, Ermenegildo Zegna, Gucci y compañía).

De momento, sólo un 40% de las tiendas ha abierto, y no será hasta el próximo verano cuando lleguen casi al total de operatividad, algo que ha restado movimiento a las modernas galerías. Escollos incluidos, el encargado proclama que los números están siendo «sorprendentemente buenos, señal de que la economía se está recuperando a marchas forzadas». Lo achaca, en parte, al glamour del nuevo lugar, «un espacio único con tiendas que no se pueden encontrar en ninguna parte del mundo. Y algo tan distinto, tan moderno, que todo el mundo nos va a seguir los pasos en Las Vegas. Esto es arquitectura de verdad, no una fantasía», argumenta DiPasquale.

LUJO Y DISTINCIÓN. Con collares de diamantes de un cuarto de millón de dólares, esperan clientes de alto poder adquisitivo –el encargado confirma que tiene producto de rango superior comparado con otras tiendas Bulgari–, lejos del ambiente popular que reina en otros casinos. «Este trabajo es diferente», dice Jesse Romero, un empleado de seguridad del CityCenter. «He trabajado en otros casinos y he visto de todo. Prostitutas, gente teniendo sexo en la piscina, venta de droga entre las mesas de póquer… Hasta un tipo que le rompió una botella en la cabeza a un compañero. Pero esto es otra cosa. Hasta tengo los domingos libres y voy siempre muy bien vestido, con un traje que antes no tenía que llevar».

ADIÓS A LA CRISIS. Romero, como muchos otros en una ciudad devastada por la crisis inmobiliaria y la era de los créditos fáciles, no dudó en presentarse a las entrevistas para asegurarse un puesto de trabajo fijo. De las 12.000 personas que actualmente trabajan en CityCenter, muchos venían de meses sin empleo. Lo constata Ana, empleada en el bufé del Aria. Según esta mexicana de segunda generación, muchos de sus compañeros estaban en una situación crítica antes de que abriera este nuevo gigante. «A mí no me alcanzaba para pagar mi casa ni las facturas. Trabajaba de cuatro a cinco horas diarias en un Seven-Eleven y ahora tengo un empleo fijo, en un sitio muy bonito, nuevo, elegante, con seguro médico y muy buenas condiciones comparadas con las de mi trabajo anterior».

Quizá por eso se ven tantas sonrisas entre los empleados, satisfechos por una vida laboral que acaba de empezar, entre restaurantes y tiendas de lujo recién estrenadas, con sus uniformes marrones casi impolutos. «Este trabajo ha sido como un regalo de Navidad caído del cielo», dice Evelyn, una salvadoreña encargada de los postres y los helados en el mismo bufé en el que trabaja Ana.

Desde el restaurante se puede contemplar la estatua dedicada a Elvis Presley, preludio del monumental teatro diseñado y construido específicamente para Viva Elvis, el nuevo espectáculo del Circo del Sol. Aunque con retraso, el circo canadiense logró llegar a tiempo para el que hubiera sido el 75 cumpleaños del rey del rock, celebrado el pasado 8 de enero, con tarta y canto improvisado al final de un show que recorre, con acrobacias, versiones inolvidables y una notable coreografía, la vida del mito.

MIL OPCIONES. Con éste, ya son seis los espectáculos permanentes del Circo del Sol en el corazón de Nevada. Será, sin duda, uno de los grandes reclamos del CityCenter en cuestión de entretenimiento y ocio. Aunque la oferta es tan amplia que harán falta varios días para poder probarlo todo. Por ejemplo Beso, nueva versión del restaurante que la actriz Eva Longoria abrió en Los Ángeles hace más de un año; o Haze, la discoteca de moda en la ciudad del pecado, por no hablar del spa de dos pisos del Vdara, el tren elevado gratuito que conecta todas las propiedades, e incluso la colección de arte moderno repartida por todo el conjunto.

EXPERIENCIA ÚNICA. Hay, además, una notable pared de agua en la fachada del hotel Aria para hacerse la foto de rigor, y juegos de luces por todo el edificio, con detalles arquitectónicos constantes y poderosos despliegues en cuestión de decoración. «No hemos reparado en gastos», explica Thomas Patterson, uno de los mandamases del Vdara y encargado del único restaurante del hotel, el Silkroad. «Queremos que esta experiencia en Las Vegas sea única para el turista porque no hay nada parecido en esta ciudad». Quizá por eso se han encargado de que una voz salude al huésped al entrar a su habitación, además de incluir notables avances tecnológicos, como una pantalla táctil en la mesa de noche para controlar desde la televisión hasta la intensidad de la luz y, quizás, lo más importante: las cortinas, que se descorren al entrar para dar paso a la postal que todos esperan de Las Vegas con sus neones iluminando la noche en el desierto. Hasta la nevera funciona con un sensor que carga a la cuenta de la habitación cualquier cosa que se toque, aunque sólo sea para curiosear el producto. Y todo por el módico precio de unos 300 dólares (unos 200 €) por noche.

«Era imperativo que le diéramos motivos a la gente para viajar a Las Vegas y el CityCenter cumple exactamente con ese objetivo», explica Jenn Michaels, vicepresidenta de relaciones públicas de MGM. También era imperativo para los responsables del proyecto que echara a andar antes del final de año, y aprovechar así el tirón de las fiestas navideñas, respetando el plazo de 60 meses que se impuso al proyecto a finales de 2004.

DEPRESIÓN. Y aunque la jugada ha salido redonda en términos de ocupación, aún hay un hotel, el Harmon, que no abrirá sus puertas hasta finales de 2010. También afrontan el problema de la venta de los apartamentos de las Torres Veer, los del Mandarin Oriental y los del Vdara, sumidos en uno de los mercados inmobiliarios más deprimidos de los últimos 25 años y en una ciudad con la tasa de embargos hipotecarios más alta del país (más de 181.000 en un año). De hecho, la oficina de ventas del CityCenter ya ha anunciado una rebaja en el precio de los apartamentos, pasando de los 1.000 dólares por pie cuadrado (0,09 metros cuadrados) a los 700 dólares en las Torres Veer. Este recorte se antoja moderado comparado con los descuentos de hasta el 70% que se ven estos días en otras partes del Strip.

Pese al enorme riesgo que implica el nacimiento del coloso para una empresa como MGM –dueña de casinos como el Bellagio, el Mandalay Bay, el Mirage, el Excalibur y el Circus Circus–, desde su dirección creen que la apuesta merece la pena. De momento, el banco de inversiones Goldman Sachs les ha dado el respaldo con una revalorización de sus acciones, que han duplicado su precio en los últimos seis meses y después de un año y medio en caída libre. Con esta jugada, aumentarán la capacidad hotelera de la ciudad en un 8,5% y calculan que serán responsables de un incremento del turismo de entre un 5 y un 7% en 2010. De paso, han demostrado que fueron capaces de inaugurar un megaproyecto y sacarlo adelante cuando nadie apostaba un centavo por ello.

Fuente: www.citycenter.com



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